viernes, 22 de abril de 2016

Prevención Consumo Marihuana




Estimados amigos
Copio link a las presentación que estamos realizando en liceos, con padres y alumnos para ayudar a tomar conciencia, ya que a mayor percepción de riesgo, menor consumo.

Haga click aca




Prevención Consumo Marihuana

miércoles, 20 de abril de 2016

HOMO INDOLORUS... nos duele antes que nos duela...


 

La tecnociencia contemporánea lucha denodadamente contra el dolor con resultados paradójicos, pues cuanto más farmaterapia suministra, tanto menor es el umbral algésico y tanta menor la fortaleza antropológica que se apercibe en la vida cotidiana; por abuso de esa falsa farmacopea, de ese falso hacer farmacéutico, en el límite podemos estar promoviendo un homo indolorus (necio tópico de las ciencias de la salud), el cual puede convertirse en personaje de tragedia griega cuando, sin convicciones antropológicas, a la vez que indoloro deviene inodorus et insipidus, por todo lo cual nos parece verdaderamente urgente la reivindicación por el ser humano del dolor, sin masoquismo ni dolorismo, la reivindicación del dolor humano: ubi homo, ibi dolor, me duele luego existo (dolet ergo sum), según decía Kierkegaard parodiando a Descartes, afirmación todavía demasiado abstracta que hubiera debido concretarse en esta otra: me dueles, luego existo, doles ergo sum, eres tú quien me duele, porque sólo el dolor concreto duele concretamente. Sencillamente, nos estamos volviendo demasiado canijos a la hora de soportar el dolor físico o el sufrimiento psíquico y espiritual; casi podría aseverarse que nos duele incluso antes de que nos duela, por miedo al dolor mismo. La actual superprotección frente al dolor conduce a sufrir más.  Así como la solución del terrorismo no está en acumular más policía, así tampoco convertir la ciudad en farmacia constituye la solución del dolor: el dolor sólo se hace llevadero cuando alguien nos quiere y nos acompaña amorosamente.
Carlos Díaz 

Logoterapia centrada en la persona 

sábado, 16 de abril de 2016

GAMBARIMSU DOLORES


Gambarimasu DOLORES!!
“Me dueles luego existo” Carlos Diaz
Recordemos lo que pasó en Japón en 2011 cuando el tsunami azota el país. Los japoneses se decían una y otra vez “Gambarimasu”. Es el verbo que los japoneses más repiten actualmente. Se lo dicen a sí mismos y se lo dicen a los demás, según relata Andrés Braun, columnista de El País de Madrid, quien nos acerca esta historia para compartirla. Todos hemos presenciado con asombro en la televisión y en otros medios de prensa, la cobertura que se hizo acerca del tsunami que azotó a Japón en 2011. Hemos contemplado azorados, cómo los japoneses hacían una larga fila para cargar un bidón de agua, y luego se ponían nuevamente al final de la fila para cargar un segundo bidón. También hemos observado las escenas de la catástrofe, pero muy pocas de gente llorando o de saqueos en las calles. ¿Cómo se entienden estas conductas? Por un lado, debemos comprender que esa tragedia nos está sirviendo para conocer y acercarnos a una cultura que nos enseña mucho.
Para empezar, nos enseña que para ellos lo colectivo es más importante que lo individual, es por esto que en situaciones de tragedia colectiva, y por la experiencia de situaciones similares vividas en el pasado, ellos saben que deben salir adelante como grupo. Si hay un inconsciente colectivo, entonces los japoneses muy bien saben que la conciencia es también colectiva, lo individual tiene sentido en la medida en que pertenece a un colectivo mayor. Desde esta mirada hacia la autotrascendencia que señala Viktor Frankl, se da naturalmente. Sino, cómo se explica la «inmolación» de los cincuenta ingenieros que estuvieron hasta el final, tratando de apagar el reactor. Nosotros vivimos en una cultura predominantemente individual, para nosotros el concepto de autotrascendencia nos puede parecer novedoso, porque «hay que salir de uno» para autotrascender, pero en realidad, y siendo fieles al mismo Frankl, somos existencia, somos ser siendo con otros, en donde siempre aparece el mundo y los demás. Sin embargo, nos cuesta salir de nosotros mismos, pecamos de exceso de mismidad. La enseñanza de esta historia sentida es que debemos ir hacia el otro, la otredad que nos espera es el colectivo del que formamos parte.
Gambarimasu se dicen los japoneses a sí mismos y a los demás, podría traducirse como «perseverar» o «dar lo mejor de sí». En estos momentos de crisis y de dolor, este concepto nos ayuda a pensar en la «resiliencia colectiva», en la capacidad que todos tenemos de dar lo mejor de nosotros para salvar nuestro colectivo humano, familiar y social.
Por supuesto que los japoneses también lloran, pero su cultura les enseñó a no «cargar» al otro en estos momentos con su dolor, se llora en silencio o en sus casas. Como forma de respetar el proceso del colectivo y de no «bajar los brazos». Claro que nosotros desde nuestro lugar occidental y científico, podríamos analizar y decir «se reprimen», pero ¿estaríamos realmente conociendo al otro con esta actitud? Conocer implica ver para comprender. Comprende el dolor de un pueblo nos ayuda a pensar en cómo han hecho para salir adelante. En nuestro mundo individualista y predominantemente «emocional», se ha estimulado hasta el cansancio desde diferentes escuelas psicológicas la «libre expresión de los sentimientos» Pero cuidado, ¿realmente es libre esa expresión? o ¿es una descarga catártica sin más? Debemos saber leer con cuidado nuestros propios sentimientos y emociones. La emoción es primaria e involuntaria, pero nuestros sentimientos son más libres, es donde aparece el valor y el sentido desde donde nos relacionamos con los demás.
Parece que el mundo al «sacudirse» de esta manera, nos ayuda a despertarnos, porque vivimos como dormidos, «anestesiados» al dolor del otro, del próximo prójimo como decía Mario Benedetti.
Vivimos como dormidos, ¿será por eso que las señales que nos envía el mundo son tan dolorosas? Cuánto tiempo más nos llevará para darnos cuenta de que somos todos pasajeros del mismo barco, de que debemos unirnos, como decía Frankl, en la «común humanidad» para encontrar salidas comunes y no solo coartadas individuales para salvar mi pellejo. El otro del otro, soy yo. Por lo tanto debo reaccionar para poder dar una respuesta que nos ayude a cambiar.
Hace un par de años, estaba dando una clase acerca de «proyecto de vida» a liceales de Canelones Cuando termino la charla, les cuento esta historia de Gambarimasu y al terminar, cuando ya me iba por el corredor, vino a mi encuentro un chico de 15 años y me dijo: «Profe, ¿cómo se escribe gambarimasu?» Y yo le respondo como un profesor: tienes que entrar al País de Madrid o a Google y escribir..., y él no me deja terminar, me corta y dice: «No profe, no, yo solo quiero saber ¡cómo se escribe! porque yo no sabía qué tatuarme y ahora ya sé!».
Me llegó tanto esta historia que en los talleres de optimismo y entusiasmo que vengo dando por todo el país concluyo mis charlas contándola y diciéndole al auditorio: no digan que vinieron a una charla, digan que vinieron a hacerse un tatuaje, un tatuaje que espero mañana puedan mostrar a sus seres queridos y compañeros de trabajo. Gambarimasu: ¡da lo mejor de ti!
Gambarimasu Dolores!
Alejandro De Barbieri
El artículo original está en mi libro "Economía y Felicidad "

Link a “El codigo de los arrozales” : http://elpais.com/diario/2011/03/17...